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02/12/08 Los medios pueden provocar zozobra en la población michoacana: especialista
02-Diciembre-2008
MARTIN DIEGO RODRIGUEZ

La sociedad moreliana quedó en medio del juego de perversidades provocadas ya no sólo por la zozobra sobre la identidad de los autores del estallido de dos granadas que provocó la muerte de ocho personas y lesionó a más de una centena en medio de la multitud que acudió el 15 de septiembre a la festividad del Grito de Independencia en el Centro Histórico sino, además, por una andanada mediática que “no ha hecho más que causar pánico, terror e incluso, una posible depresión colectiva en caso de que eso no pare”.

Supuestos comunicados enviados a través de correos electrónicos, reproducción de presuntas llamadas telefónicas alertando sobre atentados, amenazas de bomba en hasta una decena de lugares públicos al día, generaron ya entre la población un estado paranoico que se traduce en la poca afluencia en lugares públicos.

Los restaurantes, cafeterías, mercados, plazas y centros comerciales ven disminuir su afluencia no sólo de turistas sino de ciudadanos que, aunque no recibieron los impactos de las esquirlas, son bombardeados diariamente y de manera sistemática, por supuestos informes que dan aviso de más atentados.

Esa situación, a decir de la directora del Centro Integral de Intervención Psicológica de la Facultad de Psicología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Yolanda García Martínez, ha generado ya angustia, cuadros de ansiedad y miedo de salir a la calle en algunos ciudadanos que han acudido a ese centro para buscar ayuda psicológica tras los eventos del 15-S.

Los pocos ciudadanos que salen a la calle no hablan de otra cosa y, aunque aún preservan el luto, ya quieren olvidar los hechos, “como que nomás da más miedo estar escuchando a cada rato que hay bombas, que si fueron estos o los otros, que si va a haber estallido, que si hay o no desfile, que todos los días nos están recordando lo que pasó, nomás da miedo, pues”, dice un hombre que trabaja lustrando calzado en el centro de la ciudad y que, por ese miedo, ha preferido ser anónimo “no, ¿para qué quiere saber mi nombre?, así, así está bien. ¿No le digo que hay miedo?”.

No obstante a que las autoridades de los gobiernos federal y estatal han reforzado sus acciones conjuntas para preservar la seguridad de los morelianos, y a los múltiples mensajes enviados para que continúe la vida normal de los ciudadanos, se repiten una y otra vez los supuestos mensajes de cuyo origen nadie habla, sólo del contenido, sólo de la violencia que anuncian, sólo del amago a la audiencia.

Y luego, la lectura de supuestos comunicados, las imágenes, las hipótesis no del Ministerio Público sino del reportero en turno, el repetir el momento del estallido, más videos, más fotos, y la población expuesta a ello.

A decir de Federico Velio Delgado, especialista en medios de comunicación masivos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la sobreexposición de la audiencia a imágenes que sólo recuerdan dolor “es una forma perversa de maniatar las actividades, si bien lo que ocurrió en Michoacán está en manos de las autoridades, los medios de comunicación no deben convertirse ni en voceros de las supuestas bandas del crimen organizado, ni tampoco deben de forma irresponsable, atribuirle veracidad a los envíos que se dicen están circulando por correo electrónico, eso es faltar a la ética, por un lado, pero por otro es aportar tensión a una sociedad de por sí aterrorizada por todo lo que vivió en un momento”.

Considera además que “los medios de comunicación son un vehículo para informar y no distorsionar, como ocurre en aquel estado, con tanta información que de forma dolosa se vierte sobre un tema, la población está azorada y, eso ni siquiera se ve en un país en guerra”.

En su momento, el director de la Facultad de Psicología de la UMSNH, Mario Orozco Guzmán, declaró que las víctimas directas o indirectas de un acto que terrorista, similar al que se vivió en Morelia la noche del 15 de septiembre, genera en la población reacciones disociativas y síntomas depresivos.

Los mensajes son directos para que la población retome sus actividades, para que los ciudadanos salgan a las calles y den muestra de la confianza que existe en la ciudad, pero la zozobra, la inquietud que día a día se presenta a través de los informativos no hacen más que acorralar a la población al epicentro de un juego de perversidades que inició el 15 de septiembre y cuyas secuelas quedan a través de algunos informativos.

 

 

 

 

 

 

 
 
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